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lunes, 22 de julio de 2024

Okuribito: el rito de dignificación por Anderson Zuluaga

Entre las primeras pruebas de humanización se encuentra la sepultura, la cual adquiere un carácter social a través de diversas prácticas funerarias. Aparecen entonces los rituales mortuorios cuyo objetivo es prolongar la vida del muerto. No abandonar a los muertos implica su supervivencia, ya que ningún grupo primitivo despedía a sus fallecidos sin ritos. En los primeros entierros se colocaban junto al cadáver armas, osamentas y alimentos. En el ritual funerario tradicional japonés, se depositan en el ataúd objetos personales del fallecido para que lo acompañen en el cambio de estado. Con solemnidad y majestuosidad, esta ceremonia refleja una cultura milenaria.

En la película "Okuribito" de Yōjirō Takita, se presenta el ritual de preparación de cadáveres llamado nōkan, practicado por el nōkanshi. En la película, el personaje Daigo Kobayashi llega a este oficio al abandonar su sueño de ser violonchelista, encontrando la oportunidad de acompañar en el dolor a las familias que pierden un ser querido.

El ritual nōkan se configura en su estructura espacial como un teatro: hay un público y un auditorio donde ocurre toda la escena. Sin embargo, a diferencia del teatro, no hay una representación por parte de un actor, sino la presentación del cadáver por un profesional, para los dolientes-espectadores. Este profesional amortaja el cuerpo con el mayor respeto y una estilización del gesto, propia del teatro físico o kabuki. Manipula y presenta el cadáver que será llevado al ataúd para su cremación, que en Japón es obligatoria debido a limitaciones territoriales.


En la película, se aprecian diferentes formas de asumir el duelo: la rápida aceptación, el cargo de culpas, las acusaciones, los ataques coléricos, entre otros. Estos comportamientos, desde una perspectiva antropológica, se remontan a las sociedades arcaicas, donde el dolor provocado por la muerte se presenta en función de la cercanía del fallecido. Cuanto más próximo es el fallecido, más violento es el dolor. Estas emociones, durante los funerales primigenios, correspondían a excesos provocados por la exaltación colectiva, presente en toda ceremonia sagrada.

Uno de los logros destacados de la película es el uso de los silencios y las melodías melancólicas en los funerales, compuestas por Joe Hisaishi, reconocido compositor de Studio Ghibli. Los silencios permiten que el significado de la escena (ritual) se presente desnudo, sin aditivos, lo que evita asociaciones innecesarias y permite una interpretación clara. En ocasiones, la música, especialmente el violonchelo, comparte el estado anímico de quien sufre el dolor.

"Okuribito" es una película de arquitecturas, desarrollada principalmente en viviendas tradicionales japonesas. Esto puede deberse a que el ritual nōkan no es muy común hoy en día, ya que depende de aspectos económicos, religiosos y del estatus del fallecido. También es una cinta de reflexión que evoca en quienes han experimentado la pérdida de un ser querido todas las perturbaciones y traumatismos que pueden generar esas despedidas. ¿Y ustedes, qué ritos funerarios singulares conocen que se practiquen o se hayan practicado en el mundo?


jueves, 21 de marzo de 2024

Una pastelería en Tokio: el ritual sosegado de preparar frijoles por Anderson Zuluaga


Una pastelería en Tokio (あん, An) 2015

Para quienes habitamos en el mundo occidental, el ritmo de vida de las personas orientales nos resulta ajeno. Sus formas de relacionarse, sus gastronomías y sus costumbres reflejan una identidad cultural mayormente desconocida para nosotros. Disciplinas espirituales como el budismo o el sintoísmo configuran una visión panteísta del mundo, donde todo forma parte de un todo que nos conecta con todas las formas orgánicas de la vida. Esta es la perspectiva que adopta Tokue, uno de los tres personajes principales de la película. Una anciana que concibe al frijol como un ser que crece y madura gracias a las fuerzas naturales que lo moldean, permitiéndole ser cosechado, transportado y distribuido antes de llegar a la olla para su cocción. Este proceso se convierte en un acto ceremonial, un rito de honor que confiere a la narración su aspecto más poético y místico.

Naomi Kawase nos cuenta esta historia con una mirada documentalista, género con el que inició su carrera en la creación audiovisual y que ha mantenido en sus largometrajes de ficción. En esta película en particular, evita el uso de movimientos de cámara bruscos o cortes rápidos de planos, así como giros narrativos o grandes sobresaltos emocionales. En su lugar, opta por un tratamiento argumental delicado y sereno, permitiendo que nos ajustemos al ritmo parsimonioso de la historia.

Tokue (interpretada por Kirin Kiki)

El cine tiene un gran poder para transmitir estímulos, y Kawase aprovecha hábilmente la sinestesia, que es la capacidad de un sentido para producir una sensación corporal en otro. Nos muestra el proceso meticuloso de preparación de los dorayakis (un dulce popular japonés) y nos sumerge en la experiencia a través de la pantalla. Por ejemplo, al cocinar el anko (pasta dulce de frijoles), la directora nos presenta un primer plano de la olla burbujeante y humeante, evocando directamente el olor a través de la imagen. Esta sugestión visual nos permite percibir los aromas y sabores, despertando el deseo de probar lo que se ve en la pantalla.

El dorayaki es un tipo de dulce japonés que consiste en dos bizcochos de forma redonda relleno de anko, que es una pasta de frijoles

Los dorayakis son el eje central de la historia, ya que en su elaboración una mujer de 76 años encuentra dignidad en un trabajo artesanal que le permite servir y ser útil. Además, son el motor de las relaciones que se establecen entre los personajes. Sin embargo, el único punto débil de la película radica en el tratamiento del personaje de Wakana (la joven estudiante), quien parece ser un comodín en la trama, siempre presente para enlazar la historia de Sentaro y la historia de Tokue. A pesar de esto, la película brinda una sensación de dicha al finalizar, similar a la que se experimenta al terminar de ver una película de Ozu. Una pastelería en Tokio" nos invita a sumergirnos en una historia sobre el descubrimiento personal, apoyada en percepciones sensoriales que despierta la comida. Es una experiencia que nos muestra un mundo que valora y aprecia otros aspectos, otras formas de abordar la vida y el presente.



Okuribito: el rito de dignificación por Anderson Zuluaga

Entre las primeras pruebas de humanización se encuentra la sepultura, la cual adquiere un carácter social a través de diversas prácticas fun...