"Conozca todas las teorías.
Domine todas las técnicas, pero al tocar un alma humana sea apenas otra alma
humana". Estas palabras del pensador Carl Jung podría ser perfectamente la
representación misma del personaje Nise Da Silveira, del film Nise el corazón
de la locura del director Roberto Berliner. Nise es una médica psiquiatra que
al llegar a trabajar en un hospital convencional para pacientes psiquiátricos
cuestiona los métodos que allí se realizan, ya que no van más allá de los
choques eléctricos. Aquí el director nos muestra el lado oscuro de un hospital
que ha perdido todo espíritu de solidaridad, de alma, de servicio al prójimo.
Ha perdido casi todo sentido de humanidad. Berliner logra captar con tomas y
movimientos de cámara sin ningún afán, el infierno que viven los pacientes. Un
infierno que para ellos se ha convertido en una suerte de eternidad o de
extraña eternidad de sus estados mentales. Por momentos la película es cruda, chocante,
llena de pesadumbre. Desgarra el alma, (si es que aún tenemos alma en estos
tiempos). Ahora bien, ¿cómo resistirse a ese infierno? Es aquí donde aparece el
personaje de Nise, quien pone sus ojos (los del alma) en cada uno de sus
pacientes. Es ella quien cuestiona el método del personal médico que lleva
muchos años. Las lecturas de Jung la han llevado a mirar de forma distinta las
alteraciones mentales. Desea darle un tono más humanístico a todo lo complejo
que encierra la mente de aquellos seres abandonados a la suerte de una rutina
superficial mostrada por Berliner desde diferentes ángulos. El relato visual, a
veces silencioso, es casi un cuadro visto de cerca, pero de esos cuadros que
asombran por el dolor representado. Y luego, casi de forma azarosa y gracias al
personaje de Almir, quien se le ocurre decirle a Nise que la pintura puede ser uno
de los cambios que ella está buscando, se produce el milagro: los pacientes,
cada uno a su ritmo, comienzan a dibujar y a pintar lo que están sintiendo o pensando,
pero no con unas formas coherentes u ordenadas sino más intuitivas. Esa
intuición es la que le permite a Nise establecer un puente entre ella y los enfermos
de alteraciones mentales. Los colores y las formas que ellos hacen sobre el
papel tan variados sorprenden por su creatividad. Son como una traducción de
sus silencios y comportamientos violentos en algunos. En otros son el grito que
han contenido toda una vida.
Roberto Berliner nos permite
ahora respirar esa esperanza. Deja que los cuadros nos cuenten cosas místicas,
secretos, sueños. No nos quiere explicar algo lógico. Nos quiere dar una visión
y una versión humana de todo lo que ocurre en las mentes de aquellos llamados
“locos”. Las obras pictóricas tienen tanta expresividad que Nise encuentra
sentido en contar su historia al propio Jung, quien le anima a seguir
trabajando desde la intuición y el instinto. Como resultado, dichas obras
llegan al corazón de un crítico de arte (en la vida real: Mario Pedrosa). Este
ve en las pinturas un proceso creador a partir de la subjetividad y a la vez de
lo desconocido en los pacientes. El espectador lo siente, se emociona, se hace
partícipe de los cambios de conducta y carácter de los personajes gracias al
milagro de la pintura, y a otro milagro: la compañía de los perros que despierta
en cada uno de los alterados mentales señales de afecto. Si bien es cierto que
este segundo milagro es interrumpido por la muerte de esos animales, la pintura
se convierte también en un catalizador de esa ausencia. El horror con que
comienza la historia ahora pasa a un estado de alegría, de asombro, o como
dirían los místicos, de arrobamiento. Las pinturas de los pacientes son llevadas
a una muestra de galería de arte, y no sólo eso, los pacientes son llevados
junto a ellas. El corazón de la locura también está hecho de colores, y no
únicamente de sombras. Eso estamos viendo en la pantalla, desearíamos estar en
esa galería. Hemos sido cómplices de los cambios, abrazamos a los personajes
porque hemos comprendido a Nise. Ahora estamos menos confusos como menos
confusos están los pacientes psiquiátricos. Es un final feliz, debería ser premiado
por su sencillez y contundencia. Debería aparecer en pantalla la verdadera Nise
Da Silveira, y aparece. En toda la pantalla está Nise y nos conmueve con su voz
y su sabiduría.
Nota: he dicho que en la película la pintura es un milagro. No lo menciono en términos religiosos sino en el sentido del cambio a partir de la experiencia artística. La pintura como las demás artes, creo yo, pertenecen a un campo de indefinición. El arte es intuitivo, no tiene una lógica, de ahí que uno de los cuadros de Fernando de Goya y Lucientes se titule: los sueños de la razón producen monstruos. Pensé en ese cuadro mientras vi la película. Pensé en Van Gogh (por obvias razones)…en Magritte cuando nos dijo: esto no es una pipa.
Ya lo decía Bacon"el gran arte es profundamente ordenado. Aunque dentro del orden puedan haber cosas enormemente instintivas y accidentales. Nace de un deseo de ordenar y de llevar el hecho al sistema nervioso de un modo más violento...el arte abstracto es una confrontación con lo azaroso" no es el tipo de arte que más me atraiga, que muchas veces se queda solo en la belleza de las líneas y las formas. Sin embargo como toda manifestación artística es una catarsis que ayuda a la reflexión y el autoconocimiento , como en este caso una terapia sanadora.
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