Jorge Luis Borges, especialista en la tradición literaria griega, en su
libro "El oro de los tigres", incluye un breve apólogo titulado
"Los cuatro ciclos", donde sostiene que todas las historias pueden
resumirse en cuatro, y los autores, a lo largo del tiempo, las modifican de
diferentes maneras en sus creaciones artísticas. Una de ellas es la búsqueda
(tanto externa como interna), la expedición aventurosa del héroe en pos de su
destino, el viaje de encuentro más no de regreso, partir a Troya y no volver a
Ítaca.

En "Apocalypse Now - Final Cut" (versión de 2020), el capitán
Willard y su joven tropa, con deseos y aspiraciones que la guerra destruye, son
enviados en su propio viaje de incertidumbres y horror, río arriba, en búsqueda
del coronel Kurtz, un disidente del ejército americano que ha formado sus
propias tropas en la selva, convirtiéndose en una gran amenaza para el
ejército. Es muy interesante cómo la película construye al rival, no a través
de una cara pública y definible de las guerrillas vietnamitas, que son el
supuesto enemigo, sino que levanta la imagen del enemigo de manera interna, en
la figura del coronel Kurtz, un ex-miembro destacado de las fuerzas armadas cuya
representación alegórica es la de un imperio que se destruye a sí mismo. Cuando
los salvadores se convierten en exterminadores, su deseo de dominancia se
vuelve en su contra.
El inicio de la película es extraordinario: nos adentramos en la mente y el
estado de asfixia del capitán Willard mediante el rock psicodélico de The Doors
("The End") y su unión con imágenes de explosiones y helicópteros
(sonido de las hélices, una presencia acechante). Esta secuencia introduce las
secuelas psicológicas que deja la guerra en quienes la viven. A través de un
excelente trabajo dialéctico de imágenes y sonidos, articulados en el montaje,
la narración se potencia. Ejemplos de esto son la muerte del coronel Kurtz,
yuxtapuesta con el sacrificio de un buey en un ritual indígena, y la llegada de
los helicópteros en formación geométrica, vistos en plano general antes de
atacar una aldea camboyana, acompañados de la pieza sinfónica "Cabalgata
de las valquirias" de Wagner. Esta última escena es majestuosamente
dominante, propia de un relato colectivo de superpotencia que coloniza y se
adjudica intervenciones políticas y militares bajo el nombre de autoridad
geopolítica.




En la primera mitad, aparece el tipo más extravagante y trastornado de la
película, el coronel Bill, quien en absurdas acciones actúa como si viviera en
la normatividad del mundo en paz, mientras es un militar que da órdenes
bélicas. La sátira que esto contiene trivializa el accionar de guerra. Esto
refleja el concepto de Hannah Arendt sobre la banalidad del mal, donde los
soldados e individuos actúan sin reflexionar sobre las consecuencias de sus
actos, cumpliendo estrictamente órdenes de una persona que puede estar en el
mayor grado de delirio. Es una crítica aplastante al poder y sus cadenas de
mando. Sin embargo, esta mirada mordaz e incisiva se va enrareciendo a medida
que avanza el viaje en la segunda mitad de la película. El ambiente se
transforma en algo misterioso y enigmático, decayendo en intensidad pero no en
tensión. El suspenso de encontrar a este hombre casi perfecto permanece a lo
largo de toda la cinta.
Está reflejado en la película: la travesía, la fantasía, el carácter ambiguo
de la novela de Joseph Conrad, "El corazón de las tinieblas". La
puesta en escena fantasmagórica del coronel Kurtz por parte de Coppola es la
mistificación que hace Conrad de su personaje. En "Apocalypse Now",
el director se aleja del final de la novela, haciéndolo muy confuso; muchos
espectadores quedamos desconcertados con el relato de aculturación que el
coronel Kurtz, escapando de la guerra, trae a las sociedades nativas de la
selva. Oposición un tanto críptica entre “civilización” y “barbarie”.
El descenso narrativo ocurrido en "Apocalypse Now" es equiparable,
desde una mirada actual, a la caída en calidad cinematográfica de Coppola en la
década posterior a la película. A partir de este punto, comienza en su carrera
un resquebrajamiento de su estilo y una caída de sus finanzas, marcando el fin
de su etapa más inventiva y de la producción de una serie continua de obras
maestras. Este legado incluye las cuatro películas que hace en los 70's y
"Drácula, de Bram Stoker", de 1992, donde volvería al ímpetu y la
elocuencia de antaño. Después volvería a caer en un nivel que no es el esperado
para el gran maestro del Nuevo Hollywood.
Es por esto que "Apocalypse Now" es una de las cintas irrepetibles
en la historia del cine, una producción colosal que implicó para Coppola la
puesta de toda su creatividad y capital para llevar a cabo un monumental
proyecto. Una película que, como pocas, en medio de su realización, se va
devorando a su creador: el director se convierte en personaje, aquello que
señala en la ficción, lo replica en la realidad.
Se dice que Coppola ha hecho algo similar en su más reciente película,
"Megalópolis", estrenada este año en el Festival de Cannes, aunque
con muchas críticas negativas. Su vuelta al oficio después de trece años crea
mucha expectativa sobre el llamado proyecto más ambicioso de su carrera. ¿Es
posible retomar el pico de creatividad más alto después de distanciamientos y
retiros? ¿Será un capricho o el deseo más irrefrenable de un artista? Lo cierto
es que Coppola es una leyenda viviente del cine, que lleva haciéndolo seis
décadas, algo sobre el arte y la industria del cine.