jueves, 18 de abril de 2024

El otro Delirio, análisis de la película: "Nise, el corazón de la locura" por Thomas Bathory

 

"Conozca todas las teorías. Domine todas las técnicas, pero al tocar un alma humana sea apenas otra alma humana". Estas palabras del pensador Carl Jung podría ser perfectamente la representación misma del personaje Nise Da Silveira, del film Nise el corazón de la locura del director Roberto Berliner. Nise es una médica psiquiatra que al llegar a trabajar en un hospital convencional para pacientes psiquiátricos cuestiona los métodos que allí se realizan, ya que no van más allá de los choques eléctricos. Aquí el director nos muestra el lado oscuro de un hospital que ha perdido todo espíritu de solidaridad, de alma, de servicio al prójimo. Ha perdido casi todo sentido de humanidad. Berliner logra captar con tomas y movimientos de cámara sin ningún afán, el infierno que viven los pacientes. Un infierno que para ellos se ha convertido en una suerte de eternidad o de extraña eternidad de sus estados mentales. Por momentos la película es cruda, chocante, llena de pesadumbre. Desgarra el alma, (si es que aún tenemos alma en estos tiempos). Ahora bien, ¿cómo resistirse a ese infierno? Es aquí donde aparece el personaje de Nise, quien pone sus ojos (los del alma) en cada uno de sus pacientes. Es ella quien cuestiona el método del personal médico que lleva muchos años. Las lecturas de Jung la han llevado a mirar de forma distinta las alteraciones mentales. Desea darle un tono más humanístico a todo lo complejo que encierra la mente de aquellos seres abandonados a la suerte de una rutina superficial mostrada por Berliner desde diferentes ángulos. El relato visual, a veces silencioso, es casi un cuadro visto de cerca, pero de esos cuadros que asombran por el dolor representado. Y luego, casi de forma azarosa y gracias al personaje de Almir, quien se le ocurre decirle a Nise que la pintura puede ser uno de los cambios que ella está buscando, se produce el milagro: los pacientes, cada uno a su ritmo, comienzan a dibujar y a pintar lo que están sintiendo o pensando, pero no con unas formas coherentes u ordenadas sino más intuitivas. Esa intuición es la que le permite a Nise establecer un puente entre ella y los enfermos de alteraciones mentales. Los colores y las formas que ellos hacen sobre el papel tan variados sorprenden por su creatividad. Son como una traducción de sus silencios y comportamientos violentos en algunos. En otros son el grito que han contenido toda una vida.

Nise da Silveira

Roberto Berliner nos permite ahora respirar esa esperanza. Deja que los cuadros nos cuenten cosas místicas, secretos, sueños. No nos quiere explicar algo lógico. Nos quiere dar una visión y una versión humana de todo lo que ocurre en las mentes de aquellos llamados “locos”. Las obras pictóricas tienen tanta expresividad que Nise encuentra sentido en contar su historia al propio Jung, quien le anima a seguir trabajando desde la intuición y el instinto. Como resultado, dichas obras llegan al corazón de un crítico de arte (en la vida real: Mario Pedrosa). Este ve en las pinturas un proceso creador a partir de la subjetividad y a la vez de lo desconocido en los pacientes. El espectador lo siente, se emociona, se hace partícipe de los cambios de conducta y carácter de los personajes gracias al milagro de la pintura, y a otro milagro: la compañía de los perros que despierta en cada uno de los alterados mentales señales de afecto. Si bien es cierto que este segundo milagro es interrumpido por la muerte de esos animales, la pintura se convierte también en un catalizador de esa ausencia. El horror con que comienza la historia ahora pasa a un estado de alegría, de asombro, o como dirían los místicos, de arrobamiento. Las pinturas de los pacientes son llevadas a una muestra de galería de arte, y no sólo eso, los pacientes son llevados junto a ellas. El corazón de la locura también está hecho de colores, y no únicamente de sombras. Eso estamos viendo en la pantalla, desearíamos estar en esa galería. Hemos sido cómplices de los cambios, abrazamos a los personajes porque hemos comprendido a Nise. Ahora estamos menos confusos como menos confusos están los pacientes psiquiátricos. Es un final feliz, debería ser premiado por su sencillez y contundencia. Debería aparecer en pantalla la verdadera Nise Da Silveira, y aparece. En toda la pantalla está Nise y nos conmueve con su voz y su sabiduría.


Nota: he dicho que en la película la pintura es un milagro. No lo menciono en términos religiosos sino en el sentido del cambio a partir de la experiencia artística. La pintura como las demás artes, creo yo, pertenecen a un campo de indefinición. El arte es intuitivo, no tiene una lógica, de ahí que uno de los cuadros de Fernando de Goya y Lucientes se titule: los sueños de la razón producen monstruos. Pensé en ese cuadro mientras vi la película. Pensé en Van Gogh (por obvias razones)…en Magritte cuando nos dijo: esto no es una pipa.
Museo de las Imágenes del inconsciente 



viernes, 12 de abril de 2024

El pagador de promesas o el Jesucristo del subdesarrollo por Guillermo Chavez

 "O Pagador de Promessas", dirigida por Anselmo Duarte, se alzó con la codiciada Palma de Oro en el Festival de Cannes de 1962, cautivando a críticos y audiencias por igual con su poderosa narrativa. La película, basada en la obra homónima de Dias Gomes, sigue la historia de un hombre humilde que lucha por cumplir una promesa religiosa, enfrentando la intolerancia y la rigidez de las autoridades eclesiásticas de la época. Sin lugar a duda, la competencia fue reñida, ya que ese mismo año participaron películas como "Jules et Jim" de François Truffaut, "L'Eclisse" de Michelangelo Antonioni, "The Man Who Shot Liberty Valance" de John Ford y "Vivre Sa Vie" de Jean-Luc Godard, entre otras. Esta victoria estableció un estándar tremendo en el cine brasileño de la época y atrajo la atención mundial hacia su cinematografía, tanto que la película fue nominada a los premios Oscar del mismo año. Sin embargo, no todos en Brasil recibieron la película con el mismo entusiasmo; Glauber Rocha y otros miembros del Cinema Novo la despreciaron, principalmente por su adhesión al canon clásico estadounidense, pero claro, Rocha tenía su propia lucha desde lo disruptivo, era otra cruz y las vanguardias cinematográficas buscaban otras maneras de hacer cine. Anselmo Duarte, sin embargo, no se sumó a esta estrategia, con el dinero que ganó en su largometraje Absolutamente certo  1957 se fue a Europa para absorber de la nueva ola francesa y el neorrealismo italiano. Tras ver como Fellini recibía el premio por La Dolce Vita, se sintió convencido de que podía llevarse la Palma de Oro y volvió a su tierra a convencer a todos de ello.

Pero si de algo es culpable Anselmo Duarte es de practicar antropofagia fílmica, pues se devoró todas estas cinematografías por completo, no se puso a luchar contra ellas, se abasteció, las asimiló y se nutrió de cada una, para poder contar una historia local y original, alcanzando un nivel estético excepcional, mostró al mundo un Jesucristo del subdesarrollo, Anselmo pretendió hacer una obra a la cual no le tuviese que envidiar nada de otras cinematografías y lo consiguió, llevo una película brasilera donde ninguna otra ha llegado, dotada de planos perfectamente diagramados, una gran destreza técnica, coherencia visual, curvas dramáticas eficientes, actuaciones veraces, ritmo y belleza. 

Podemos encontrar en ella, como en muchas obras maestras, referencias y guiños a otras películas, la más evidente es tal vez el escenario escogido para rodar el 90 % del relato, Las escaleras frente a la iglesia, pariente visual y narrativa inequívoca, de la icónica secuencia de las escalera de Odessa de la película El acorazado Potemkin de Sergei Eisenstein, del cual sin lugar a dudas Duarte debió ser gran admirador.

Sin embargo, la obra no se queda solo en ello y se desborda en maestría en muchos aspectos más, por ejemplo ese casi documental del inicio de la película, con esos tambores resonando, mientras un hombre en contraluz carga esa pesada cruz a lo largo del camino, establece el tono dramático desde el principio, o que hablar de los seres que conforman la tragedia, esos personajes caricaturescos, como el dandi proxeneta o el pregonero chaplinesco, ofrecen una rica mezcla de emociones, que hace entonces uno con ellos ¿llorar o reír?
Claro, no hay obra perfecta, la perfección no existe y si existiría que aburrida fuera! pero sí que es una obra contundente, robusta, tremenda, pero sobre todo sincera; ella por donde se le mire tiene algo que admirar, sin lugar a dudas es un gran aporte a la cinematografía latinoamericana y se le agradece por sobre todas las cosas, ser un buen bocado a nuestro paladar cinéfilo.

Imágenes, Banco de Contenidos Culturales http://bcc.gov.br/


viernes, 5 de abril de 2024

Estación central, una road movie que no logra alejarse de los lugares comunes por Anderson Zuluaga

 

La carretera puede aparecer en cualquier película, pero no en todas es la pieza estructural de la historia, ni la analogía del cambio y encuentro de los personajes consigo mismos. En "Estación Central o Central do Brasil", inicialmente, el camino es de hierro, el de la estación de ferrocarril que sirve como punto de partida para emprender el viaje de búsqueda del padre de Josué, un niño que queda desamparado después de que su madre muere arrollada por un bus. Josué es acompañado en su travesía por Dora, una profesora retirada dedicada a escribir cartas dentro de la estación. Para el director Walter Salles, el género tiene un interés especial; escribe el artículo "Apuntes para una Teoría sobre la Road Movie", donde aborda algunas características globales que también se presentarán en la cinta. Además de ser el realizador de "Diarios de Motocicleta" (2004) y "On the Road" (2011), películas que se insertan en esta forma narrativa.

Fernanda Montenegro interpretando a Dora

La película comienza en la estación de Río de Janeiro, con todo su movimiento y bullicio, donde los rostros de personas humildes y reales van contando sus historias a Dora (interpretada por Fernanda Montenegro), en una escena documental bellamente contada. Sin embargo, el buen momento inicial se diluye gradualmente en parámetros del cine más comercial y masivo. Comienza a presentar argumentos poco creíbles, como el asesinato del ladrón en plena vía férrea, y la muerte dramática de la madre de Josué resulta muy predecible. El final, al amanecer, mientras Josué corre buscando a Dora y ambos lloran, parece buscar conmover demasiado al espectador. El director tiene una historia llena de acontecimientos llamativos y conoce las normas del género, pero parece dejar de lado una exploración más profunda de esos contenidos, utilizando en su lugar estrategias de gustos más masivos, convirtiendo la película en algo más mainstream, quizás como una estrategia de visibilidad para festivales de cine que, como sabemos, establecen nombres en ambientes culturales y desarrollan carreras. En cualquier caso, son decisiones que repercuten directamente en el estilo de la película.

En las road movies, el viaje y el movimiento han sido metáforas del contexto social en el que se encuentran los personajes. En "Estación Central", estas características reflejan problemáticas sociales como el abandono parental, la precariedad laboral, los altos índices de analfabetismo y las historias de desplazamientos internos, coyunturas que no solo son de Brasil, sino que comparten otros países de la región. Las complejas realidades de los países latinoamericanos encuentran en las películas de carretera un género importante para las denuncias sociales, siempre y cuando no se utilice su narrativa con manipulaciones de impacto, ni patrioterismos desmesurados, como ocurre en algunas películas más vistas en nuestra cinematografía, que equiparan el viaje introspectivo con el simple paseo turístico.

Okuribito: el rito de dignificación por Anderson Zuluaga

Entre las primeras pruebas de humanización se encuentra la sepultura, la cual adquiere un carácter social a través de diversas prácticas fun...